Sosteniblog

Ponencia- Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad

Escrito por alejo66 13-06-2013 en General. Comentarios (0)

Ponencia 'La Necesidad de Modelos de Negocio Social en Comunidad', presentada en Jornada 'Comunidades: Modelo de Negocio Social y Modelo de Gestión'. Lugar: Univ. Deusto, 5/6/2013. Representantes de las 3 universidades vascas, Innobasque, GoiEner, Fiare, Bagara y Butroi Bizirik-- en Transición.

 

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Duranteesta primera parte de la jornada, seargumentará sobre la necesidad de avanzar hacia negocios sociales en comunidadpara hacer que los enfoques de creación de comunidades sean perdurables en eltiempo. Compartiremos lo que está sucediendo en torno a ‘Butroi Bizirik- en Transición’  como ejemplo que puede ser un caso piloto parala construcción práctica de un modelo de negocio que después se puedaadaptar a otros lugares. En la segundaparte, Jon Walker presentará el Viable Systems Model como modelo degestión para este tipo de iniciativas.

Evitamosreferirnos a la inviabilidad del modeloeconómico actual por tres razones: la primera, porque es clara y evidente,en la teoría y en la práctica; la segunda, porque la alternativa de la quevamos a hablar es deseable por sí misma, además de probablemente ineludible; yla tercera, porque aunque la indignación es necesaria, lo que es imprescindiblees tener alternativas.

Porsimilares razones, tampoco vamos a extendernos sobre necesidad de relocalizar la economía y las formas de vida paraaumentar la capacidad de respuesta ante impactos, para recuperar valores(previos al consumismo) sobre los que se ha construido el bienestar de laspersonas, para hacer que las personas sean actoras de sus destinos y paraconseguir verdaderas democracias – deliberativas, cooperativas y participativas.

Ambashipótesis, la inviabilidad del modelo y la necesidad de relocalización, estánsobradamente argumentadas en cientos de trabajo académicos –entre ellos, lapublicación de Joseba Azkarraga (aquí presente) La Evolución Sostenible, en sus dos volúmenes; o el que se envió con la convocatoria.

Lo que síqueremos compartir son unas pocas reflexionessobre una visión alternativa de relocalización:

1.- Lareflexión más importante es que de hecho la relocalización está ya ocurriendoen todo el mundo a través de movimientosciudadanos que están catalizando el cambio mediante la puesta en valor deactivos inexplotados. Los casos de Movimientosde Transición (TN), Ecoaldeas (ecovillages), Ecomunicipalities (orig. suecas), Post-Carbon Cities (USA), Low Carbon Communities Network, Local United, Community Energy Wales, Green Communities, The Community Energy Practitioners’ Forum (UK), las Associations pour le maintien d'uneagriculture paysanne AMAP),Terre de Liens, Virages Energie (FR), Arcipelago Scec, Descrescita Felice (IT), ‘Toda Suecia Debería Vivir’, ConvertingSweden (Suecia),Climate Alliance (Holanda), Converge Network (Portugal), Red Europea de Agricultura conBase en laComunidad y otrasmuchas iniciativas, alineadas o no en movimientos más amplios, son ya decenasde miles en todo el mundo y se multiplican exponencialmente, apenas detectadaspor los radares de los medios de comunicación masivos, y, desde luego, pordebajo de los de grandes empresas y gobiernos de todo ámbito. Sólo en Europahay ya más de 2.000 casos, aumentando muy rápidamente. (El jueves que vieneestaré en Bruselas en un encuentro europeo para la formación de una red deinformación sobre iniciativas locales).

2.- Lomismo ocurre con otros movimientosteóricos –decenas de ellos— que se alinean en esa misma idea de relocalización:Decrecimiento, Economíadel Buen Vivir, Economíadel Bienestar, Economía del Bien Común,EconomíaEcológica, NuevaEconomía20+20, Permacultura,ConsumoResponsable, Cooperativasintegrales, y un largo etcétera.

3.- Aunque existen soluciones para muchos de los problemasparciales de la sostenibilidad, la faltade enfoques integradores es un obstáculo fundamental para avanzar. LaAgenda 21, por ejemplo, era más una colección de propuestas parciales (energía,alimentación, transporte, etc.) que una propuesta integrada. A propósito de laA21, independientemente del juicio a su contribución, lo cierto es que surecorrido parece agotado –como enfoques de arriba-abajo que realmente son, nopueden ir más allá de lo que han durado los fondos que la han promovido. Losmovimientos de comunidad, verdaderamente de abajo-arriba, parecen, pues, lasiguiente­­ etapa. Creemos que las comunidades son la verdadera unidad celularde evolución sostenible. En palabras de RobHopkins , “si esperamos a los gobiernos, será tarde; si actuamosindividualmente, será poco; pero si reaccionamos en comunidad, puede sersuficiente y a tiempo”.

4.- Contrariamente a lo que se muchos dicen, el mayorinconveniente para la relocalización noes la falta de concienciación. Todo el mundo sabe que las cosas tienen quecambiar mucho, pero se sienten impotentes, se dan por vencidos desde susindividualidades ante las señales desinformadorasquedan los precios, y sólo son capaces de denunciar “es que deberían prohibiresto  o hacer lo otro…”, como si la cosano fuese con cada uno de todos nosotros, sino sólo con los gobernantes –que,aunque puedan ser conscientes de la necesidad imperativa de cambiar de rumbo,no pueden hacerlo, impelidos por otras fuerzas determinantes. Pero la gente seentusiasma cuando oye hablar de, por ejemplo, los Movimientos de Transición. Cada vez más gente es cada vez más consciente de que tiene queactivar su responsabilidad para con su propio destino; y si ven una propuestailusionante, la abrazan.

y5.-Para que esa siguiente etapa llegue y sea duradera, debe salvar otra barreraque, ésta sí, creemos que es la real: conseguirsu propia viabilidad económica; y, a ser posible, que sea sistemática –quetodas las comunidades tengan al menos una forma de conseguir su viabilidadeconómica. Si se quedan en lo deseable social y medioambientalmente, estosmovimientos locales no pasarán de casos pasajeros o meros cantos al sol.

En Mungia-Butroinos lo hemos puesto como meta. Estamos abiertos a recibir asesoría sobre elmodelo económico instrumental para conseguir esa viabilidad económica. Si loconseguimos podrá servir de referencia para otras comunidades que lo deseen.Esto es con lo que contamos para ello:

-                    Explícitae implícitamente, estamos construyendo resiliencia: capacidadde reacción ante adversidades. Estamos tratando de recuperar habilidades,relaciones y alimentos que se estaban perdiendo; estamos buscando mayorsoberanía alimentaria, energética y de telecomunicaciones; estamos diseñandoactividades para generar empleo local y ecológico, para desarrollar economía monetariay no-monetaria... La resiliencia y la vida en comunidad son en realidad doscaras de la misma moneda.

-                    Creemosque lo podemos conseguir aplicando un negociosocial, es decir (en palabras de M. Yunus) “una compañía que no generepérdidas ni reparta dividendos, y afronte un problema social”. El asunto socialque queremos abordar es, en términos globales, la creación de resiliencia. Losnegocios sociales se concibieron para luchar fundamentalmente contra la pobrezay la exclusión, pero realmente tienen la capacidad de abarcar a toda lapirámide social; matiz que se hace fundamental al considerar, además, que cada vez más personas estamos cada vez más expuestas a la pobreza y enriesgo de exclusión.

-                    Queremosque sea en cooperativa, de lo que‘algo’ sabemos en Euskadi. Sin embargo, el cooperativismo de Mondragón, porejemplo, no es social sino industrial. Socialmente tiene implicacionespositivas, por el reparto más equitativo de rentas o la toma más democrática dedecisiones; pero el objeto social de las cooperativas de Mondragón, con la sanaexcepción de algunas como Lanki o Bagara, dista de ser ‘social’. El problemaque Arizmendarrieta trató de resolver en su día (la pobreza del Valle) no se daya. Y es muy verosímil que, ante los problemas de hoy, su respuesta no fuese unsólo un cooperativismo industrial sino también uno mucho más social, en el quehubiese negocios dedicados a objetivos sociales. De hecho, la premisa del apoyomutuo local estaba en su ideología.

               En Butroi queremos constituirnos enCooperativa Mixta en la que el grupo principal será de consumidores y seincluirán grupos de trabajadores y productores.

-                    Queremosque nuestro negocio social en cooperativa orientada a generar resiliencia puedeabarque varias dimensiones deactuación o líneas de negocio, de forma que las económicamente excedentariasfinancien a las deficitarias: comercializacióny gestión de energía; comercialización de otras producciones locales(prioritariamente ecológica, y especialmente agrícola, pero también de otrosámbitos alimentarios –carne, lácteos, panadería, mermeladas, croquetas, cocidosembotados,etc.)--;bancos de tiempo [[ya estamos activos enlos tres capítulos anteriores]]; gestión de servicios compartidos (lavandería, salasmultimedia, gremios profesionales, vigilancia, cuidados, etc.) y de consumocompartido; un bar-restaurante con espacio social; ejercicio y salud integral; ocio;banca ética, seguros éticos y un creciente abanico de productos y servicios quese presenta desde una nueva forma de entender el mundo; y, en fin, pequeñas iniciativasempresariales ubicadas en la comarca pero no necesariamente destinadas a ella,cuando creen empleo y refuercen la viabilidad económica del enfoque.

Y el concepto que permite ese negocio social es el de apropiación. ‘Apropiarnos del hechoeconómico que conlleva el ser una comunidad’ quiere decir que porque somos un grupo que demanda unos bienes y serviciosacordes a unos valores  y porque somos capaces de satisfacerla internamente,podemos abordar esos negocios disminuyendoel riesgo y compartiendo el riesgo, la propiedad y las rentas que generen.

Creemos que si conseguimosdemostrar en Mungia-Butroi que la apropiación de valor es la forma sistemáticade dar viabilidad económica de las pujantes propuestas de construcción decomunidades, tendremos un modelointegrado, quizá sistémico, que podrá adaptarse (no replicarse cualfranquicia al uso) en otras muchas comunidades; y que no es sólo una respuestaante la crisis, sino una propuesta deseable por sí misma.  En Mungia tenemos unos activos y en otroslugares tendrán otros. Pero la apropiación está al alcance de todos.

Tenemosla visión-misión-valores, el objeto de negocio, la demanda inicial, la oferta,el canal, la motivación, las ideas clave claras; quizá, las piezas clave y másdifíciles de un negocio. Con todo esto, construirel modelo de negocio y un plan denegocio puede ser muy complejo, pero no muy difícil –de ello queremos hablarcon vosotros. Hay otros dos elementos importantes: los aspectos legales y elmodelo de gestión. Para aspectos legales,contamos con varios apoyos. Para el modelode gestión, el VSM, del que Jon nos va a hablar después de los20min de debate, parece ser ideal.

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Alejo Etchart, Economista de Transición

Comunidades y negocios sociales: Hacia una propuesta sistémica

Escrito por alejo66 20-12-2012 en General. Comentarios (0)

(Publicado en Journal of Public Policies and Territories, diciembre 2012). Original con links disponible a solicitud.

 

COMUNIDADES Y NEGOCIOS SOCIALES: HACIA UNA PROPUESTA SISTÉMICA

Alejo Etchart Ortiz

Diciembre 2012

Resumen

La incapacidad de la economía para internalizar externalidades medioambientales y sociales hace que su orientación primordial sea remunerar al capital a través un crecimiento económico ligado al endeudamiento, alejándose de su objetivo: una correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano. Por otra parte, los gobiernos de todo nivel se encuentran subordinados a esta economía. Todo ello hace que, de no cambiar el rumbo del desarrollo, lo estemos abocando hacia el abismo. La relocalización de la economía y de las formas de vida, unida al surgimiento de los negocios sociales y al potencial de las cooperativas como forma más equitativa de distribución de la riqueza, presenta una oportunidad al alcance de nuestra mano para reorientar nuestra evolución hacia una creación de resiliencia generadora de bienestar. Existen multitud de casos en los que las comunidades de proximidad o vecindario están asumiendo un protagonismo creciente en las decisiones sobre su futuro. Dotar de viabilidad económica a estos enfoques social y medioambientalmente deseables puede ser clave para afrontar un futuro esperanzador.

Abstract

The inability of Economics to internalize social and environmental externalities drives it to essentially serve to capital through a debt-based economic growth; thus moving away from its primary goal: a correct distribution of scarce resources in order to satisfy human needs. As a consequence, unless a dramatic change in the path of development is implemented, it is leading us to an abyss. The relocalization of economies and lifestyles, linked to the rise of social businesses and to the potential of cooperatives as a social form for a more equitable distribution of, inspires an opportunity to reorient human evolution to a wellbeing-generating creation of resilience to tackle the threats that the world is facing. Hundreds of cases exist in which neighborhood communities are assuming an increasing role in the decisions that affect their own future. The key to an encouraging future might lie in providing these socially and environmentally desirable approaches with economical viability.

1.    Introducción

La acumulación de problemas que nos amenazan se pueden resumir en uno: el sistema económico capitalista ha fallado completamente. Ha destruido nuestras comunidades, la verdadera democracia, nuestras seguridades económica, energética, alimenticia y climática, y la riqueza natural del planeta en que vivimos; y carecemos de una visión ampliamente compartida sobre un modelo económico alternativo. Otros sistemas de la era industrial (como el comunismo de estado y el fascismo) distan de ser opciones alternativas.

La transición a una nueva economía necesariamente conlleva revertir arraigadas creencias sobre la necesidad del crecimiento económico (Jackson 2012) o de la competencia (como alternativa a la cooperación) (Felber 2012) como mejor propulsor de la eficiencia, entre otros de sus paradigmas; e implicaría cambios profundos en el reparto de bienes, trabajo y dinero, así como nuevos modelos de gobierno que posibiliten una nuevo proceso de civilización para que los siete mil millones de almas que pueblan el planeta podamos dejar a las siguientes generaciones un mundo vivible. Ningún análisis responsable que contemple el largo plazo puede respaldar el crecimiento económico incondicional, y es poco verosímil que cualquier condicionalidad que se la añada sea compatible con la sostenibilidad (Etchart 2012a).

Este artículo sugiere la combinación de los conceptos de ‘negocio social’ y ‘cooperativa’ en una dimensión local como una vía para enfilar una evolución sostenible que tenga como objetivo la creación de resiliencia.

Tras esta introducción, el Capítulo 2 expone las razones por las que la perspectiva de un mundo liderado por el crecimiento económico es fatal si la economía sigue centrada en servir al capital financiero, mostrándose incapaz de internalizar las externalidades medioambientales y sociales. El Capítulo 3 recopila afirmaciones que algunos economistas de prestigio han realizado en este sentido, y el Capítulo 4 lo complementa señalando al sesgo con el que se interpretó la base teórica del capitalismo como origen de los fatales desajustes que éste provoca. El Capítulo 5 defiende la visión de una ‘reconstrucción evolutiva’ como alternativa superior a reformas o revoluciones como vías de cambio, e introduce algunos conceptos que se esbozan posteriormente como claves para ello. El Capítulo 6 argumenta que los conceptos de ‘economía verde’ y ‘responsabilidad social corporativa’ son insuficientes como propuestas sistémicas y expone que el potencial que como tales presentan los ‘negocios sociales’. El Capítulo 7 recoge algunos de los valores que, en torno al bien común, debe recoger una nueva economía; profundizando en la importancia del valor de ‘lo local’. El Capítulo 8 expone algunos de los retos que se presentan para una economía así, y alude a la necesidad de aplicar formas sistémicas de  pensamiento. El Capítulo 9, finalmente, presenta las conclusiones.

2.    El fallo de la economía y la inviabilidad del crecimiento económico

Numerosos casos, entre los que figura la burbuja inmobiliaria española (Salvados 2012a), demuestran la subordinación de los gobiernos nacionales a la economía. Como dice el economista Naredo (2012), la práctica política es habitualmente la conseguidora del poder económico. Y el reciente fiasco de la Cumbre Río+20 (Etchart 2012b) demuestra, además, que el poder económico es capaz de imponerse en el gobierno mundial a través de los gobiernos nacionales de los países más poderosos. Sólo así comprensible que los países subdesarrollados acabaran firmando un documento que llama hasta en 16 ocasiones al ‘crecimiento económico sostenido’; no ‘sostenible’ –que sería al menos un condicionante— sino ‘sostenido’: un verdadero oxímoron, máxime cuando lo propone de forma generalizada, no limitado a los países pobres. Un crecimiento económico sostenido requiere condiciones y presunciones que no se dan.

El fallo de la economía parte de su propio concepto. La economía nace para resolver el problema de la escasez de recursos para satisfacer unas necesidades ilimitadas –si los recursos fuesen ilimitados, no habría economía—. Al no ser la economía capaz de internalizar la escasez del recurso medio ambiente (Brundtland et al. 2012) –cosa que ni siquiera parcialmente ha procurado hacer hasta el Protocolo de Kioto, que además ha fallado estrepitosamente (Helm 2008)—, ni ser escaso el trabajo –sino precisamente su contraparte: el empleo—, la economía queda al servicio del capital y de la tierra –los otros dos recursos considerados por la economía—. De entre los dos, evidencias como la especulación inmobiliaria o la compra masiva de territorio africano por China dejan claro el predominio del capital.

Cuando un sistema falla en una parte, falla en su conjunto, y por lo tanto esta economía no sirve para su fin: la asignación de recursos escasos; no ya óptima, sino ni siquiera tolerable por el sistema global al que pertenece: la biosfera.

Los intereses son una forma fundamental de remuneración del capital, por mediación de las entidades financieras. Sin endeudamiento, claro está, no hay intereses. El endeudamiento necesita un crecimiento económico tal que en un futuro nos permita pagar lo que entonces gastemos más lo que hoy no podemos pagar. El problema está en que en ese futuro el capital seguirá necesitando endeudamiento, y por lo tanto más crecimiento.

El crecimiento continuo es inviable en un mundo con recursos que la economía no sabe considerar. Cuanto mayor sea el crecimiento, más es a costa de los recursos que no considera: el medio ambiente y el trabajo. Sobre el primero, al no amortizar la base de recursos físicos que va desgastando, el crecimiento económico la consume hasta su destrucción. Y sobre el empleo, a no ser que una normativa como la reducción sustancial de las horas de trabajo disponibles (NEF 2010) – de tan inverosímil aplicación por los gobiernos— haga que el trabajo vuelva a ser un recurso escaso, el crecimiento será en detrimento de la masa salarial; en otras palabras: generará más desempleo o salarios más bajos.

No se analizan aquí los vínculos entre otras formas de remuneración del capital como los dividendos (resultado de inversiones directas en empresas) o las plusvalías (en todo caso, muy ligadas a la especulación) y el crecimiento económico; pero no aliviarían la conclusión de que es el capital el que realmente necesita del crecimiento económico.

Por tanto, una reflexión sobre la propia teoría económica deja claro que el crecimiento económico sostenido no sólo es imposible en la práctica, sino que, dado el actual desequilibrio de recursos, se orienta sistemáticamente a servir al capital en detrimento de los recursos que no considera: medio ambiente y trabajo. El crecimiento económico es una necesidad para remunerar al capital, no para crear más trabajo ni para preservar el medio ambiente. Para crear trabajo lo necesario es una redistribución de riqueza y rentas. El crecimiento económico no garantiza un mayor o mejor empleo si las rentas del crecimiento las acumula el capital.

El Informe Brundtland de 1987 no sólo da la definición de desarrollo sostenible (DS)  (aquél “que nos permite satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar las posibilidades de las siguientes generaciones para satisfacer las suyas propias”), sino que, en su segundo capítulo (WCED 1987a), dedica más de 20 páginas a especificar el concepto. Además de otros apuntes interesantes, lo ahora relevante es el párrafo que dice: “(…) el desarrollo sostenible claramente requiere el crecimiento económico en los lugares donde las necesidades esenciales no están satisfechas. En otros lugares puede ser compatible con el crecimiento económico siempre que éste refleje los principios generales de sostenibilidad y la no explotación de los demás”. El crecimiento económico no es por tanto imperativo en los países desarrollados, donde las necesidades esenciales están por lo general satisfechas. El informe sugiere también que un mínimo de crecimiento económico, como requieren las instituciones financieras, puede ser medioambientalmente sostenible sólo si los países industrializados cambian su crecimiento hacia una menor intensidad en uso de materiales y energía.

Hay dos argumentos que podrían hacer el crecimiento económico compatible con el desarrollo sostenible en los países ricos: la desmaterialización del crecimiento y el avance tecnológico. Pero, como se expone a continuación, ambos son demasiado débiles para confiar en ellos.

Como exponen Daly y Townsend (1993), la desmaterialización es en realidad un concepto inalcanzable, puesto que un crecimiento que pretende satisfacer las necesidades de los pobres debe basarse en cosas que éstos necesitan, que no son precisamente los propios de una sociedad de la información, sino cosas materiales como comida, ropa y alojamiento. Para dejar espacio para la polución y uso de recursos que la fabricación de estos productos para los países pobres genera, es evidente que los países ricos debemos reducir la polución en una cuantía al menos equivalente, lo que tendrá implicaciones contrarias a nuestro crecimiento económico, por las razones que siguen.

Si el crecimiento económico no se produjese a base de uso de recursos, los problemas de la escasez de éstos y de la degradación medioambiental que su explotación provoca serían menores. Muchos, especialmente el Banco Mundial (Stern 2004) han defendido en décadas pasadas la existencia de una Curva Ambiental de Kuznets, que a largo plazo revertiría la vinculación entre el crecimiento económico y la degradación del medio ambiente a través de una desmaterialización de la economía, pero esta teoría ha sido largamente rebatida y negada (Etchart 2009) por la teoría y la experiencia. Se han hecho infinidad de llamadas al desacoplamiento de la economía respecto al uso de recursos, pero éstos siguen tomándose prestados del futuro de forma creciente. Es fundamental distinguir entre desacoplamientos relativo y absoluto. Hay miles de casos de disminución de intensidad en el uso de recursos por unidad de producto o monetaria (desacoplamiento relativo), pero los aumentos en la escala de actividad económica global acaban por invalidar esas mejoras relativas. Jackson (2009) estima que para estabilizar el clima en un mundo con 9.000 millones de habitantes con unos ingresos como los de la UE en 2008, los desacoplamientos relativos tendrían que producirse a una velocidad 16 veces superior a la ocurrida hasta ahora.

En cuanto al argumento de que la tecnología podría salvarnos del cambio climático, la identidad IPAT (TSSP 2003) demuestra la alta inverosimilitud de este argumento cuando, además de la tecnología, se tienen en cuenta los aumentos de población y de afluencia o poder de compra. Esta teoría implica que para alcanzar una concentración de CO2 de 450 ppm para 2050, con un crecimiento económico o del 2-3% en el mundo desarrollado y de un 5-10% en los países en desarrollo, se necesitarían eficiencias energéticas 11 veces superiores a las actuales (AP 2010). Y esto, a pesar de que muchos consideran (SGF 2009) los 450 ppm ya muy dañina.

El discurso sobre la desmaterialización del crecimiento o el avance tecnológico como formas de hacer compatible el desarrollo sostenible con el crecimiento económico es demasiado débil como para confiar en que permitan superar el fallo esencial de la economía. Como dice Chandran Nair (2008), “los políticos deben reconocer que el crecimiento económico ha encontrado su némesis [alter ego, enemigo mortal] en el cambio climático, y no deberían dejarse seducir por los soluciones rápidas del mercado”.

La subordinación de los gobiernos nacionales a los intereses económicos es manifiesta, y a través de ellos se traslada a la ONU, único organismo actualmente en vigor para abordar asuntos globales y de largo plazo –la actitud del gobierno de Canadá en las negociaciones de cambio climático es un ejemplo paradigmático de ello (Etchart 2012c). Como resultado, el documento resultante de la Cumbre Río+20, “El Futuro que Queremos” (UN 2012a),comete el gravísimo error de decir “reconocemos la necesidad de (…) aprovechar y crear oportunidades para alcanzar el desarrollo sostenible a través del crecimiento económico (…)”, pues su influencia en las políticas nacionales puede hacer que éstas refuercen la tendencia que apuntaba el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon (UN 2009) “vamos hacia el abismo con el pie pegado al acelerador”.

Si los países pobres necesitan el crecimiento económico para salir de la pobreza y los ricos no renuncian a él, las perspectivas de un mundo conducido por estos acuerdos políticos son desoladoras. Siendo la entrega a las siguientes generaciones un imperativo categórico [objetivo que debe perseguirse sin condicionantes], las riendas del desarrollo no pueden dejarse al arbitrio de gobernantes impelidos por presiones que no son capaces de superar  (Etchart 2012c).

3.    Economistas y crecimiento económico

Cuando K. Boulding afirmaba (QFinance n.d.) que “alguien que cree que el crecimiento económico infinito es posible o está loco o es un economista”, debía de referirse sólo a economistas miopes [incapaces de enfocar realidades lejanas, cortos de alcance], pues son muchos los que han clamado (Daly 1987) contra el paradigma del crecimiento económico. J.S. Mill (1848) declaraba un siglo antes que el aumento de la riqueza no puede ser ilimitado. J.K. Galbraith (1956) advirtió que más pronto que tarde nuestra preocupación por el crecimiento en la cantidad de bienes producidos (tasa de crecimiento del PNB) tendría que dejar paso a la más importante cuestión de la calidad de vida que proporcionan. H.E. Daly (1977) proponía sustituir el 'cuanto más, mejor' por el más sabio axioma del ‘lo suficiente es lo mejor’. E.F. Schumacher (1973) certificaba que una forma de vida que se basa en el crecimiento ilimitado no puede durar mucho tiempo. También afirmaba (Sitthiyot 2010) que la concentración simplista de esfuerzos en la producción y en la tecnología es deshumanizadora; que el trabajo debe ser digno y con sentido antes que eficiente; y que a la naturaleza y al capital natural, simplemente, no se les puede poner precio. Jackson (2009) refleja el gran dilema de nuestros días: el crecimiento económico es necesario para que nuestra economía no colapse, en un mundo que no puede soportar ese crecimiento sin colapsar –por razones tanto medioambientales como sociales, como se deduce de lo antedicho. De aquí a concluir que el crecimiento de una economía equivocada no sólo no es la solución, sino que es precisamente la causa de la crisis (Sostenible 2012), hay muy poco. Incluso Keynes (1935), cuyas propuestas de expansión del Gasto Público se señalan (World Bank 1990) como buena parte de la causa de la crisis actual, llamaba a considerar valores más importantes que la acumulación. Es particularmente interesante su opinión de que la dificultad para el cambio no radica en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas, que han crecido con nosotros ramificándose hasta invadir cada uno de los rincones de nuestra mente. Keynes (1935) clamaba contra los economistas ortodoxos, cuya lógica deficiente desembocó en la desastrosa Gran Depresión –lógica que guarda paralelismo con la que nos ha llevado a la crisis actual, sustentada por la espiral de la especulación; con la particularidad de que las ideas de las que ahora hay que escapar pueden ser precisamente las que su escuela propone, y que ha acabado por convertir a los gobiernos en motores de la especulación (El Confidencial 2012).

El análisis seguido por otras vías por Azkarraga et al. (2012) llega a igual conclusión abarcando también distintos aspectos sistema como las crisis de valores, poblacional y social, y ofreciendo muy valiosas referencias. 

Y es que, como dice Steve Bass (2007), “el crecimiento económico se considera más como un principio inviolable que como una solución para los derechos de las personas, su bienestar o la degradación medioambiental”. El discurso prácticamente unánime de los políticos y del mundo empresarial, que ha calado profundamente también en el gran público, es pues una expresión de cómo se intentan resolver los problemas de la forma opuesta a como Einstein advertía (Stakeholder Forum 2008) que no se debía hacer: utilizando para ello “la misma forma de pensar que los causó”. 

En definitiva, se ha querido exponer que la crisis actual no es económica sino sistémica. Verla sólo como económica y pretender salir de ella mediante crecimiento no hará sino traspasar la crisis sistémica, gravemente incrementada, un puñado de años o a las siguientes generaciones.

4.    Releyendo a Adan Smith

La base teórica del capitalismo se construyó sobre la publicación de Adam Smith ‘La riqueza de las Naciones’ (1776) hace dos siglos y medio. Sin embargo, esta construcción teórica dejó de lado otra aportación previa del mismo autor, recogida en ‘La Teoría de los Sentimientos Morales’(1759), que habría dado una interpretación muy distinta a la propuesta de que si dejamos a los individuos actuar en su propio interés, una ‘mano invisible’ ordena la economía en el interés de todos. Hay autores que apuntan que Adam Smith, a quien frecuentemente se atribuye la paternidad tanto de la economía como del liberalismo (Rodríguez Braun 2008; Cuevas Moreno 2009), sería tan crítico como Karl Marx (BBC 2009; Casassas 2011) con el capitalismo en el que ha devenido la interpretación que se dio a su obra.

Conforme a la lectura que de Smith hace el Profesor M. Yunus (2008) (promotor de los microcréditos y premio Nobel de la Paz en 2006), la interpretación vigente del capitalismo sostiene que el mercado existe sólo para las personas interesadas en su beneficio, lo cual limita la concepción humana a una dimensión; cuando es evidente que, además de una egocéntrica, todos tenemos otra altruista. A las personas no sólo nos interesa la búsqueda de beneficio, sino también la consciencia y la simpatía [inclinación afectiva y amistosa entre personas, generalmente espontánea y mutua] con los demás. Si esta dimensión altruista hubiese sido incluida en las motivación del ‘interés propio’ como motor del comportamiento económico, es muy probable que el producto del capitalismo hubiese sido muy otro.

En tal caso, las personas físicas y jurídicas acudirían a los mercados con una motivación integral. Del lado de las personas jurídicas, la motivación altruista se ha quedado exclusivamente en manos de ONGs y organizaciones benéficas que, aun siendo nobles y necesarias, carecen de la capacidad de innovar y expandirse que tienen las empresas privadas. Imaginemos todo lo que se podría conseguir si los empresarios y ejecutivos de talento se entregasen a causas como acabar con la malnutrición, proporcionar viviendas a todo el mundo, aprovechar las ilimitadas fuentes de energía renovable o, como más globalmente propone en este documento, generar resiliencia[*] para hacer frente a los impactos venideros.

5.    Reforma, revolución o evolución

Para hacer frente a la crisis actual se emplean esfuerzos en reformas económicas, manteniendo la búsqueda del crecimiento como objetivo esencial, sin considerar que la crisis no es sólo económica, sino sistémica. Así, en España, se recortan los ingresos de quienes están en las fronteras del sistema, las ayudas sociales, las inversiones en educación e investigación…; se aprueban regulaciones para recuperar la capacidad crediticia en la UE, mientras se señala que “España se encuentra en una posición de gran debilidad por su endeudamiento excesivo” (Rajoy 2012); y se salva con dinero público a instituciones financieras cuya gestión ha provocado el estallido de la crisis. Todo ello, en aras de un crecimiento económico que, de conseguirse, no supondrá sino una huida hacia delante, pues el crecimiento económico basado en endeudamiento supone, equivocadamente, que las siguientes generaciones tendrán que pagar lo que la nuestra no podía entre cada vez menos (por la inversión de la pirámide poblacional), con rentas cada vez menores y con una base de recursos naturales exhausta. Si algo es evidente es que no las pagarán, por lo que el colapso del sistema es inevitable; y esto se puede afirmar incluso sin tener en cuenta argumentos medioambientales.

Otros, cada vez más dado el esperpento de la gestión política, claman por una revolución mediante un alzamiento popular en busca de una alternativa completamente nueva. Sin embargo, esto es peligroso: la historia prueba que muchas revoluciones se han escapado de las manos de sus bienintencionados precursores cuando éstos no pudieron controlar los movimientos extremistas incluidos en la suma caótica de fuerzas, que les borraron del mapa. El destino de las revoluciones profundas puede ser muy distinto al pretendido.

El Movimiento de Transición se alinea con las tesis de Gar Alperovitz (2012) en torno a una ‘reconstrucción evolutiva’ como una alternativa superior a la reforma o la revolución, que líderes como Mahatma Gandhi siguieron. Alperovitz propone destinar las energías para el cambio en la construcción de instituciones nuevas y paralelas a las actuales, a las que acaba por suplantar sin enfrentarse directamente a ellas. De esta forma, a medida que la vieja infraestructura institucional declina hacia el colapso, las nuevas cubren los huecos que van quedando hasta convertirse en la estructura dominante.

En los capítulos que siguen se expone que llevar esta visión evolutiva a la relocalización de la economía implicaría ir creando negocios sociales, cooperativas locales y unidades de gobierno centradas en las cosas que realmente importan (seguridad alimenticia, energética, climática,…), así como en la generación de resiliencia para hacer frente a impactos futuros económicos, sociales o medioambientales. La ciudadanía iría ganando sentido de responsabilidad sobre su propio destino y participando en la toma de las decisiones que les afectan, dando lugar progresivamente a una nueva organización de estructuras políticas.

6.    Alternativas. Los negocios sociales

El debate actual sobre ‘economía verde’ gira en torno a los principios que la caracterizan, más que a su definición. Un documento de Stakeholder Forum (2012a) recoge quince de estos principios: distribución equitativa de la riqueza; equidad y justicia económicas; equidad intergeneracional; enfoque de precaución; derecho al desarrollo; internalización de externalidades; cooperación internacional; responsabilidad internacional; información, participación y rendición de cuentas; consumo y producción sostenible; planificación estratégica, coordinada e integrada; equidad de género; y salvaguarda de la biodiversidad y prevención de cualquier polución al medio ambiente.

Faltando de la lista anterior el beneficio financiero, se deduce que estos principios constituyen los perfiles social y medioambiental que se busca añadir a la economía. Si la economía fuese capaz de internalizar una parte sustantiva de esos quince principios, la búsqueda del beneficio económico  conllevaría retornos no sólo financieros, sino también sociales y medioambientales; pero, ¿es esto creíble en un futuro razonable? La anterior sección sobre el fallo de la economía –desde el punto de vista teórico—y el peso de la evidencia que brinda el (des)gobierno del mundo hacen ilusorio que lo sea. Mientras que esta internalización no ocurra ampliamente, la serie de principios expuestos no será válida para los negocios tradicionales.

Tampoco la Responsabilidad Social Empresarial (Ruiz Muñoz 2011) parece capaz de incluir criterios altruistas en los negocios tradicionales, que con demasiada frecuencia la utilizan más como un lavado de imagen (González de Andrés 2012) que como una forma de reflejar un compromiso ético con la sociedad.

Sin embargo, está emergiendo un nuevo tipo de organizaciones que internalizan plenamente los criterios sociales: los negocios sociales. El Profesor Yunus (2012) define un negocio social como “una compañía creada para afrontar un problema social sin pérdidas ni dividendos”. Haría falta añadir “de acuerdo con los principios generales de la sostenibilidad” (WCED 1987b) para incluir también la armonía con el medio ambiente y dar así sentido de sostenibilidad íntegro a esta propuesta, aunque se pueda entender que este postulado está incluido en ella. La Iniciativa de Negocios Sociales de la UE (European Commission 2011) define los negocios sociales de forma acorde con la de Yunus, pero parece que restringe su campo de aplicación a favorecer a grupos vulnerables y en riesgo de exclusión, cuando en realidad un negocio social puede afectar positivamente a todo el abanico social. Este matiz fundamental se hace más consistente cuando se considera que todos estamos cada vez más expuestos a la pobreza y en riesgo de exclusión.

En estos momentos en que la UE está perdiendo fuerza en los mercados globales de forma acelerada, precisamente debido en parte a esa falta de internalización de externalidades en la economía, un reposicionamiento estratégico de la UE más allá de los retornos financieros le podría proporcionar una posición sólida en la tendencia hacia una nueva economía verde, sin la necesidad imperiosa de depender de grandes acuerdos globales. El mismo sería el caso de Sudamérica y el Caribe, regiones habituadas a responder a crisis sociales, económicas y climáticas con grandes dosis de ayuda entre conciudadanos; y de otras regiones del mundo a las que la historia les ha llevado a tener fuertes unos fuertes sentimientos de comunidad de los que hoy en día Europa Occidental carece, y que van a ser vitales para afrontar los grandes retos que plantea nuestro futuro en común.

7.    Valores de una nueva economía y propuestas que los integran

A falta de visión compartida, todo lo que tenemos para guiarnos hacia adelante es un conjunto emergente de nuevos valores y las aportaciones de algunos visionarios. El nuevo sistema debe proteger el bien común. Debe imponer a los bienes y servicios sus verdaderos costes de las cosas y que quienes toman decisiones rindan cuentas cuando resultan desastrosas y era previsible que así fuera. Pero, por  encima de todo, debe buscar verdaderos valores de bienestar y satisfacción: la comunidad, la naturaleza, la familia, la salud, la creatividad; valores que han sido los grandes componentes de la felicidad humana durante la mayor parte de la historia de nuestra especie.

Muchos creemos en la ‘belleza de lo pequeño’ (Schumacher 1973). Algunos, además, abogamos por una propuesta que toma a las comunidades locales como célula de desarrollo sostenible. Se trata de un retorno a una economía más localizada, donde la población local construye buena parte de su propio bienestar utilizando recursos locales de forma creativa. Los recursos locales raramente podrán proporcionarnos un ordenador, un electrodoméstico, un vehículo, un teléfono, un sistema de transporte completo o una larga lista de bienes y servicios; por lo que estas propuestas no son en absoluto de autarquía.

La relocalización de las formas de vida, incluyendo la economía, es la alternativa señalada por buena parte del mundo académico (ver Etchart et al. 2012) para restaurar parcialmente la autonomía, la seguridad y el control sobre las formas de satisfacer necesidades básicas; una alternativa que ha sido desplazada por la opción de las grandes corporaciones, nacionales o transnacionales, por el gran tamaño. Aunque inicialmente éstas pudiesen buscar principalmente economías de escala, se encontraron, además, con un poder tan grande que les ha permitido manejar a gobiernos, medios de comunicación, agentes financieros, resto de partícipes en la economía y, finalmente, al gran público. La acumulación de poder ha convertido a la economía de mercado en enemiga de la democracia (Dake 2010), de los mercados verdaderamente libres, en el que las personas con ideas e iniciativas puedan decidir sobre el tiempo que quieren trabajar y en qué lo quieren hacer. Ese tipo de libertad se funda, por naturaleza, en la pequeña escala.

La relocalización pretende llevar a una escala más humana aquellos servicios con lo que las comunidades puedan dotarse a sí mismas, que puede incluir: generación y uso de la energía, gestión de agua, agricultura ecológica, bancos de tiempo, monedas locales, cooperativas de producción y consumo, uso compartido de bienes, espacios para el ocio o la tercera edad, educación para niños y adultos y otros muchos sumandos.

De esta forma se potenciaría la conexión de las personas con su propia creatividad –hoy anulada por haber sido innecesaria durante tanto tiempo— y con los demás miembros de su comunidad. La alienación del individualismo y el consumo se disiparían, y tendríamos más tiempo para la familia y los amigos. Parte de nuestro dinero sería realmente nuestro, acumulado por nosotros y reinvertible en cosas que valoramos. Y se corregirían muchas ideas delirantes sobre lo que constituye la verdadera riqueza, valores que no pueden ser sustituidos por la acumulación.

Es una visión deseable y seductora. Promete que si la gente se atreve a compartir y cooperar con su comunidad, puede llegar a la mejor forma de vida a su alcance. Además, está demostrando ser factible. Es el centro de las propuestas de construcción de resiliencia  como los Movimientos en Transición o las Ecomunicipalidades originariamente suecas o las Post Carbon Cities[†]. Estas propuestas ensalzan las virtudes de las comunidades locales para regenerar la economía a través de la puesta en valor de las capacidades locales para afrontar el futuro, dotándose de los recursos más necesarios. A la vez, están demostrando que proporcionan un mayor bienestar a las personas a través del enriquecimiento de la vida de las comunidades en las que viven.

Por otra parte, estas iniciativas están generando resiliencia en los grupos sociales. La realidad muestra amenazas multidimensionales y crecientes tanto económicas (paro, recortes, inseguridades alimentaria y energética, malas perspectivas), como sociales (desigualdad, migraciones, indignación, envejecimiento), medioambientales (cambio climático, agotamiento de recursos) y políticas (visión a corto en tiempo y espacio, trasladando las deudas económica y ecológica a las siguientes generaciones). Las comunidades con mayor cohesión y variedad sociológica, mejor aprovechamiento de la energía y del agua, menor dependencia de suministros exteriores o lejanos, que se haya preparado para afrontar los impactos y que pueda ayudar a los afectados por ellos, son más resilientes. Resiliencia y reforzamiento de las comunidades bien pueden ser vistas como las dos caras de una misma moneda en lo referente a la exposición de las personas y los grupos sociales ante adversidades importantes.

Las iniciativas arriba mencionadas pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticia, de agua, energética o climática, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas socialmente innovadoras están proponiendo formas diferentes de pensar para resolver los problemas causados por paradigmas prevalentes como la obsesión por el crecimiento económico, la energía barata, la identificación entre éxito y acumulación e el individualismo. Toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez que cumplen los principios básicos del desarrollo sostenible, anteriormente referidos.

 Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo (Transition Network 2012) guiados por fuerza de abajo arriba. Sin embargo, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo; es decir, promovidos por instituciones de gobierno o empresas. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres ámbitos de la sostenibilidad y recomponiendo el equilibrio entre ellos. Se trata de promover la innovación hacia modelos negocio (social) que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación. 

Los incentivos de arriba abajo serían muy positivos para acelerar la generalización de los enfoques de comunidades, que ya están siendo implementados por iniciativas de abajo arriba. Sin embargo, a falta de aquellos incentivos, es una dirección de fuerza alternativa la que está propagando estas iniciativas: las adaptaciones ‘hacia los lados’ (scaling across).  Esta fuerza transversal está adecuando modelos puestos en práctica en unos lugares del planeta a las condiciones de otros. Las propuestas de construcción antes referidas son algunas de las redes que están contribuyendo a esta propagación, aunque también están dándose casos de adaptaciones entre iniciativas no asociadas. Wheatley y Frieze (2011) recogen algunas de ellos en una publicación de 2011.

En las recomendaciones de dicha publicación, P. Senge (2011) –gurú del desarrollo organizacional—, refleja claramente la importancia crítica que tienen los enfoques de comunidades: “Si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, recuperando de nuestro ADN la característica de animales sociales”. La innovación necesaria no es tecnológica: es social, es sistémica.

Una lectura de los tres principales documentos previos a Río+20 –Gente Resiliente en un Planeta Resiliente….’ (UN 2012b), el original del ‘Borrador Cero’ (UN 2012c) y las ‘Notas de Coordinación’ (Lalonde 2012)—) desde la perspectiva de esta visión muestra cómo los promotores de la cumbre se alinean con ella (Etchart 2012d); pero, lamentablemente, no pudo con la de la necedad que gobierna el mundo con visiones tan miopes como la de los economistas a los que Boulding se refería. Es una consecuencia fatal de la tragedia de los comunes (Hardin 1968).

8.    Retos

Sin embargo, estas propuestas también tiene algunos problemas que con los que aún no han contado la mayor parte de sus defensores, pero que comprometen su capacidad de servir como un marco global.

En primer lugar, la infraestructura teórica que nos permitiría la relocalización no está madura. Para ello haría falta investigar para conseguir que estas propuestas de desarrollo alternativo basado en las comunidades incorporen la viabilidad económica a lo que es social y medioambientalmente deseable. Los conceptos de ‘negocios sociales’ y de ‘cooperativas de consumo’, o incluso de ‘cooperativas integrales’, parecen ineludibles a la hora de constituir tal infraestructura.

En segundo lugar, estas propuestas no son compartidas por los distintos niveles de gobierno, en la mayoría de los casos por desconocimiento o desconfianza en las capacidades de la gente para tomar decisiones sobre su futuro. En su lugar, se encuentra el discurso prácticamente unánime entre los políticos sobre la necesidad de recuperar la vía del crecimiento económico como forma de progresar. Sería una torpeza entender el crecimiento económico como un fin en sí mismo; y el análisis anterior sobre las raíces de la economía evidencia que tampoco es un medio para avanzar hacia un modelo de vida perdurable.

Los gobiernos de todo nivel están devastados por la devaluación de sus ingresos por impuestos. En España, el gran público asiste atónito a un espectáculo esperpéntico en el que se le imponen mayores tipos impositivos para, entre otras cosas, abordar obras públicas suntuosas –tren de alta velocidad (Etchart et al. 2011), autopistas y aeropuertos (DFC 2011), grandes bibliotecas (El País 2011), etc. (Salvados 2012b)—, que sistemáticamente incumplen los presupuestos con los que se justificaron. Las grandes infraestructuras han sido durante muchos años un destino preferente del dinero público, hasta que la devolución de la deuda externa y el pago de intereses se han convertido en prioridad. Es público y notorio, e incluso ha sido denunciado por la UE en el caso del tren de alta velocidad (LNE 2010), que las razones de fondo para tanta obra pública son puramente políticas. Por ‘razones políticas’ se puede interpretar, no basadas en necesidades existentes, demandas reales o estudios científicos, sino en el interés de tráficos de poder y corrupciones personal o colectiva –como la financiación de partidos y administraciones mediante recalificaciones de terrenos o las comisiones del 5% por obras públicas. La lista de políticos imputados por corrupción[‡] es sonrojante. Es de lamentar el que, persiguiéndose una mejora de la imagen de España, se deje de aplicar el principio de la ‘tolerancia cero’ contra la corrupción política, para afrontar de una vez el mayor lastre al que se enfrenta para tener credibilidad internacional. De la Sierra (2009) señala que la ausencia de una figura penal que refleje estos comportamientos perversos en el marco regulatorio español es un obstáculo fundamental para luchar contra ellos. De la Sierra señala que el tradicional clientelismo, legal pero amoral, ha ido deviniendo en ilegalidad a través de la corrupción; pero la dificultad estriba en señalar cuándo se traspasó la línea y qué fue primero: el clientelismo o la corrupción.

En tercer lugar, la relocalización de las economías implica optar entre dos alternativas en muchos casos incompatibles: por una parte, la eficiencia en costes, especialmente laborales –que durante los años de industrialización implicaba producir en fábricas grandes y centralizadas— y la resiliencia. El orientarse a lo local aumenta la resiliencia y crea más trabajo, pero aumenta los costes por menores escalas, lo cual iniciaría un ciclo de reasignación masiva de recursos, salarios, rentas y precios.

Son muchos los retos que estas propuestas deben afrontar. Ante su complejidad, es imperativo aplicar el pensamiento sistémico (Allen 2011) para plantear soluciones, frente a la habitual manera unidimensional de pensar propia de una especialización en fragmentos de la realidad que es tópica en nuestros días (Ecimovic et al. 2002).  Muchos de los que actualmente trabajan por la relocalización son jóvenes, y las empresas que están construyendo son nuevas y experimentales. A medida que vayan creciendo en habilidades y experiencia, pueden encontrar vías para construir modelos sólidos.

El cambio que implicaría puede dar vértigo; pero no abordarlo cuanto antes sería una irresponsabilidad imperdonable de nuestra generación para con las siguientes. En todo caso, a quienes tachen esta visión de idealista cabe decirles que lo idealista es pretender que sigamos evolucionando con los mismos paradigmas que han generado la crisis sistémica actual. Como decía el filósofo peruano C. Cuello (1997), una concepción sistémica de sostenibilidad implica un reto a las que proclaman el cambio mientras dejan intactas las estructuras básicas de la sociedad actual.

9.    Conclusiones

Las crecientes amenazas a las que se enfrenta nuestra civilización son el reflejo de una economía fallida que dirige al mundo hacia un destino fatal. Los gobiernos políticos han dado sobradas muestras de la subordinación de la política a esa economía que no sirve para su objetivo de asignar los recursos globales. Para afrontar estos retos se hace necesaria la generación de resiliencia, lo cual implica un reforzamiento de las comunidades de proximidad. Las propuestas actuales de reforzamiento de la vida en comunidad están teniendo una aceptación muy amplia, pero también se enfrentan a varios retos, entre los que está la viabilidad económica de sus enfoques medioambiental y socialmente deseables.

Nada impide, sin embargo, que se comience a probar formas deseables de afrontar el futuro. Nada impide que se creen cooperativas de consumo, industriales o integrales, con orientación de negocios sociales. Es un proceso que puede empezar ya mismo, con plena confianza en que estas formas de organización se adaptarán mejor al futuro que las formas del viejo capitalismo que se trata de superar.

Tras apuntar las razones por las que el crecimiento económico ilimitado no sólo no es viable sino que es una de las causas de la crisis, este documento ha tratado de presentar conceptos recientes que pueden alumbrar una evolución hacia la sostenibilidad sistémica. Entre ellos, destacan tres: la generación de resiliencia como objetivo y la combinación de negocios sociales y cooperativas como forma de consecución.

Aunque la generalización de la puesta en práctica de esta visión puede llevar tiempo, es necesario comenzar inmediatamente a crear casos de éxito que puedan replicarse después. Así lo afirmaba hace 35 años H. Daly (CASSE n.d.): “Es necesario tener una alternativa de desarrollo preparada para cuando las condiciones críticas hagan al público receptivo”. En momentos en los que empresas y gobiernos llaman continuamente a la innovación, parece claro que  la innovación más necesaria no es la tecnológica, sino la social –o, más propiamente dicho, sistémica.

H. Stoddart (Stakeholder Forum 2012b) afirma que “existen soluciones para la mayor parte de los problemas del desarrollo, pero la falta de un enfoque sistémico está siendo un obstáculo fundamental para alcanzarlo”. Si a las soluciones técnicas le añadimos los enfoques de los negocios sociales y de las cooperativas de consumo o integrales, podemos estar ante una muy sólida propuesta para afrontar nuestro futuro en común.

 

 

 

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 -   (2012a) Earth Summit 2020: ‘Principios de la Economía Verde. Una recolección de principios de la economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza’. [WWW] http://www.stakeholderforum.org/fileadmin/files/Traducci%C3%B3n%20principios%20econom%C3%ADa%20verde.pdf

 -   (2012b) ‘Guía de Bolsillo sobre Gobernanza del Desarrollo Sostenible’. Segunda edición. [WWW] http://www.stakeholderforum.org/fileadmin/files/Spanish%20pocketguide.pdf

STERN, D.I. (2004) ‘The Rise and Fall of the Environmental Kuznets Curve’. World Development, 32 (8): http://home.cerge-ei.cz/richmanova/UPCES/Stern%20-%20The%20Rise%20and%20Fall%20of%20the%20Environmental%20Kuznets%20Curve.pdf

TRANSITION NETWORK (2012) ‘The Big Transition Map’. [WWW]  http://www.transitionnetwork.org/map

TSSP, The Sustainable Scale Project (2003) ‘The IPAT Equation’. [WWW] http://www.sustainablescale.org/ConceptualFramework/UnderstandingScale/MeasuringScale/TheIPATEquation.aspx 

ULDRICH J. (2008) ‘Jump the Curve’. Avon, MA: Platinum Press.

UN- Organización de Naciones Unidas:

 -  (2009) Video ‘Our foot is stuck on the accelerator and we are heading towards an abyss (Ban)’ [WWW] Youtube http://www.youtube.com/watch?v=0HRLNeJxPLM

 -   (2012a) El Futuro que Queremos. Documento final de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo sostenible (Río+20). [WWW]  http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/CONF.216/L.1

 -   (2012b) ‘Resilient People, Resilient Planet. A Future Worth Coosing’. UN Secretary-General’s High-Level Panel on Global Sustainability [WWW] UNDP  http://www.undp.org.tr/publicationsDocuments/GSP_Report.pdf

 -  (2012c) Borrador Cero ‘The Future We Want’, Enero 2012. [WWW] Stakeholder Forum http://www.stakeholderforum.org/fileadmin/files/zerodraft110112.pdf

WCED, World Commission for Environment and Development:

 -  (1987a) (‘Brundtland Report’) Our Common Future. Oxford: Oxford University Press. Brundtland Report (1987), Chapter 2: ‘Towards Sustainable Development’ http://en.wikisource.org/wiki/Brundtland_Report/Chapter_2._Towards_Sustainable_Development

 -   (1987b) Our Common Future. Annexe 1: Summary of Proposed Legal Principles for Environmental Protection and Sustainable Development Adopted by the WCED Experts Group on Environmental Law. Oxford: Oxford University Press. http://www.un-documents.net/ocf-a1.htm

WHEATLEY M. Y FRIEZE D. (2011) Walk Out Walk On: A Learning Journey into Communities Daring to Live the Future Now’ (Wheatley M. y Frieze D., 2011). http://www.walkoutwalkon.net/

WORLD BANK, The World Bamk Research Observer (1990) The Government Budget Constraint. [WWW]http://www-wds.worldbank.org/external/default/WDSContentServer/IW3P/IB/1990/07/01/000009265_3980513111756/Rendered/PDF/multi_page.pdf#page=5

YUNUS, M. (2008) Social Business for a New Global Economic Architecture. Adam Smith Lecture at Glasgow University. Grameen Bank booklet. http://www.grameentrust.org/dialogue/dialogue70/coverstory.html



[*] La resiliencia es originalmente la capacidad de los materiales de absorber impactos externos sin por ello dejar de cumplir sus funciones esenciales. Por ejemplo, se suele pedir el acero con una resiliencia de -40ºC, porque a partir de esa temperatura pierde dureza. Sobre resiliencia en términos sociales esta definición puede ser más apropiada: “En el contexto de la exposición a adversidades importantes, la resiliencia es la capacidad de las personas para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura” (Michael Ungar, Resilience ResearchCenter). Referencia: Blog Rafa Font (2012), ’Entrevista a A. Etchart. Resiliencia: tomando las riendas del bienestar común’. http://www.rafafont.eu/blog/resiliencia-riendas-bienestar-comun/

El reto del Movimiento de Transición

Escrito por alejo66 18-09-2012 en General. Comentarios (0)

La Conferencia Internacional de Transición tiene lugar una vez al año desde hace seis, en torno al movimiento de las Transition Towns o Iniciativas en Transición. Este movimiento propone una reconducir la evolución hacia una alternativa sostenible basándola en las capacidades que tenemos las personas en cada comunidad de vecindario, así como las que brinda el espacio físico que habitamos; unas formas de vida basadas en lo local y en la estabilidad como alternativa a la globalización y el crecimiento económico que nos conduce a lo que Ban Ki Moon preveía en 2009: “tenemos el pie pegado al acelerador condiciendo hacia el abismo”. En 2012 la conferencia está celebrándose del 13 al 19 de septiembre en el distrito londinense de Clapham. Trescientas personas, cien de ellas de fuera del Reino Unido, nos hemos juntado para conocernos, compartir experiencias y aprender prácticas que se han implementado en otras comunidades para adaptarlas a las nuestras.

El Movimiento de Transición es una propuesta política aun siendo ajena a partidos políticos; pues la política es la gestión del bien común mientras que los partidos se han convertido en agrupaciones que buscan prioritariamente lo mejor para sus intereses. Se trata de una innovación que está emergiendo desde la base de la ciudadanía y desbloqueando los activos inexplotados que existen dentro de las comunidades mediante nuevas combinaciones de herramientas y métodos más colaborativas, dirigidas desde y hacia lo local; poniendo en valor las capacidades que cada uno tenemos y que nos ayudarán a afrontar las crisis climáticas, y de escasez de alimentos, energía y agua de forma positiva y pacífica.

Es un movimiento que está teniendo lugar en todo el mundo y que se alinea con otros que no llevan el apellido ‘en Transición’ (como las Ecomunicipalities, las Ecoaldeas o cientos de otros no asociados) y con los principios propuestos por un sinnúmero de propuestas alternativas (Permacultura, Pachamama, Nuevo Acuerdo Verde, Ecología Política, Nueva Economía 20+20, Economía del Buen Vivir, Economía del Bien Común, Economía Ecológica, Centro para el Bienestar, negocios sociales, cooperativas integrales, monedas locales, bancos de tiempo, Decrecimiento y un largo etcétera).

Es una propuesta ilusionante y no carente de poesía. Somos muchos los que la promovemos, pero seguimos siendo una gran minoría. Para que llegue a ser relevante para el futuro debemos hacerla sólida y sistémica, lo cual sólo ocurrirá cuando incorporemos la viabilidad económica a lo que es social y medioambientalmente deseable. Diría que debemos conseguirlo para que sea una propuesta seria, si no fuese porque deberíamos verla con el humor y la alegría que están en sus raíces.

Alejo Etchart

Asesor independiente de Stakeholder Forum for a Sustainable Future

The challenge of Transition Movement

Escrito por alejo66 18-09-2012 en General. Comentarios (0)

The International Transition Network Conference takes place on a yearly basis since 2007, around the Transition Towns movement. This movement fosters a grassroots development based on the abilities that exist within people in neighborhoods, as well as in their physical environment, to drive our evolution towards a sustainable alternative: a re-localization of livelihoods and a steady-state economy, in opposition to a globalization and an economic growth that match what the then UN’s Secretary General Ban Ki Moon said by2009: “our foot is stuck on the accelerator and we are heading towards the abyss”. In 2012 the Conference has run 13th-19th September in the London district of Clapham. Three hundred people, a third of them from outside the UK, have met to know each other, share experiences and learn about practices that have been implemented in other communities in order to adapt them to ours.

The Transition Movement is a political proposal even though it falls out of the scope of political parties; as Policy consists on the management of the common good, while parties have become structures mainly focused on their own interests. It is about a grassroots process of citizen-led innovation which is catalysing change and unlocking untapped assets. It is about drawing on what we collectively know from years of best practice in our communities, applied through new combinations of tools and methods in a more collaborative and locally led way. It is about a process to discover and put in value the resources that exist in each community, in order to help people tackle the threats of food, energy, water and climate crises in a peaceful and positive way.

It is not an illusion. It is indeed happening all over the world, aligninig with other movements whose names does not include the word Transition (such as the now widely spread Sweden-original Ecomunicipalities or hundreds of non-associated others) and with the principles of a number of proposals for an alternative evolution (Permaculture, Pachamama, Green New Deal, Political Ecology, New Economy 20+20, Economy of the Good Living, Common Welfare Economy, Ecological Economics, Centre for Well-being, Degrowth, social businesses, integral cooperatives, local currency, time banking and many others).

It is an exciting alternative, full of beauty and poetry. Many people are involved in promoting them, but we remain a huge minority. If we want it to be relevant for the world’s future, we must make it solid and systemic, which will only come by incorporating the economic viability to what is already socially and environmentally desirable.

Alejo Etchart

Independent Advisor to Stakeholder Forum for a Sustainable Future

¿El futuro que queremos?

Escrito por alejo66 23-06-2012 en General. Comentarios (1)

Río+20: ¿es éste el futuro que queremos?

Este escrito reflexiona sobre las razones por las que el documento El Futuro que Queremos, principal resultado de Río+20, postula lo contrario de lo que su título propone. Se analizan primero algunos aspectos positivos y negativos, para después exponer el fundamento del despropósito: las dieciséis referencias de ese documento al “crecimiento económico sostenido” como una necesidad para alcanzar el desarrollo sostenible. Vaya por delante la conclusión de este escrito: que no se puede esperar más de los grandes acuerdos entre gobiernos; y que las comunidades, verdadera unidad de desarrollo sostenible, van a tener que tirar del carro sin contar con el apoyo de los políticos que, visto lo acordado en Río+20, seguirán aplicando las recetas de siempre para resolver los problemas que esas mismas recetas han causado.

Detalles en ‘El Futuro que Queremos’

En la Declaración de Río+20 ‘El Futuro que Queremos’ hay algunas cosas buenas, especialmente las dos primeras de las que siguen:

- Se refuerza y realza la posición del PNUMA en el organigrama de la ONU, estableciendo la participación universal en él y dotándolo de más fondos.

- Se abre un proceso para el establecimiento de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible como sustitutivos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio cuando estos venzan –con muchos incumplimientos—en 2015.

- Un párrafo de la declaración “anima a las empresas, especialmente a las que cotizan en bolsa, a que consideren integrar la información sobre sostenibilidad en sus informes periódicos”.

- Se confirma la voluntad de eliminación de subsidios que incentivan la sobreexplotación e ilegalidad en la pesca, así como al consumo derrochador y a las ineficiencias en el comercio internacional.

También hay decepciones:

- El lenguaje usado para los derechos al agua y a la sanidad es vago y evasivo, reafirmando compromisos anteriormente alcanzados más que confirmando el derecho propiamente.

- Ha desaparecido de los borradores un texto sobre derecho a la reproducción salubre, por presión de algunos grupos –a saber: el Vaticano.

- Es muy grave que, tras 20 años de dar vueltas a la eliminación a los subsidios perjudiciales para el cambio climático  –especialmente los ligados a los combustibles fósiles—, no se acuerda un plan para su eliminación. Simplemente, por enésima vez, se vuelve a  reafirmar el compromiso para su eliminación.

- Los párrafos relativos a la ‘economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza’ no definen qué es ésta, y dan pautas de bajo perfil sobre qué características deberían tener. Toda acción se deja en manos de los países para su libre elección, desbaratando cualquier aproximación a una cesión de soberanía en asuntos relacionados con la economía verde.

El gran fiasco

Pero el gran error del el documento es la repetida llamada al “crecimiento económico sostenido”. Cualquier economista que piense con libertad sabe que el crecimiento económico sostenido requiere unas condiciones que no se dan. El fallo de la economía parte de la lección más básica de economía: que ésta nace para resolver el problema de la escasez de recursos. Al no ser la economía capaz de internalizar la escasez del recurso medio ambiente –cosa que ni siquiera parcialmente ha procurado hacer hasta el Protocolo de Kioto, que además ha fallado estrepitosamente—, ni ser escaso el trabajo –sino precisamente su contraparte: el empleo—, la economía queda al servicio del capital y de la tierra –los otros dos recursos considerados por la economía de mercado—; y de entre los dos, evidencias como la especulación inmobiliaria o la compra masiva de territorio africano por China dejan claro cuál predomina. Cuando un sistema falla en una parte, falla en su conjunto; y por lo tanto esta economía no sirve para su fin: la asignación de recursos; no digo óptima, sino ni siquiera tolerable por el sistema global al que pertenece: la biosfera. Siendo los intereses la remuneración del capital, éste necesita del endeudamiento, que a su vez necesita un crecimiento económico tal que en un futuro nos permita pagar lo que entonces gastemos más lo que hoy no podemos pagar. El problema está en que en ese futuro el capital seguirá necesitando endeudamiento, y por lo tanto más crecimiento. El crecimiento continuo no es viable en un mundo con recursos limitados que la economía –decía—no sabe considerar. Cuanto mayor sea el crecimiento, más es a costa de los recursos que no considera: el medio ambiente y el trabajo. Sobre el primero, al no amortizar la base de recursos físicos que va desgastando, el crecimiento económico lo va consumiendo hasta su destrucción. Y sobre el empleo, a no ser que una normativa como la reducción sustancial de las horas de trabajo disponibles –de tan inverosímil aplicación— haga que el trabajo vuelva a ser un recurso escaso, el crecimiento será en detrimento de la masa salarial; en otras palabras: generará más desempleo o salarios más bajos. Por tanto, una reflexión sobre la propia teoría económica deja claro que el crecimiento económico sostenido no sólo es imposible en la práctica, sino que, dado el actual (des)equilibrio de recursos, se orienta sistemáticamente a servir al capital en detrimento de los recursos que no considera: medio ambiente y trabajo.

El Informe Brundtland de 1987 no sólo da la definición de desarrollo sostenible (DS)  (aquél “que nos permite satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar las posibilidades de las siguientes generaciones para satisfacer las suyas propias”), sino que, en el segundo capítulo, dedica más de 20 páginas a aclarar el concepto. Además de otros apuntes interesantes, lo ahora relevante es el párrafo que dice: “(…) el desarrollo sostenible claramente requiere el crecimiento económico en los lugares donde las necesidades esenciales no están satisfechas. En otros lugares puede ser compatible con el crecimiento económico siempre que éste refleje los principios generales de sostenibilidad y la no explotación de los demás”. El crecimiento económico no es por tanto imperativo en los países desarrollados, donde las necesidades esenciales están por lo general satisfechas. El Informe sugiere también que un mínimo de crecimiento económico, como requieren las instituciones financieras, puede ser medioambientalmente sostenible sólo si los países industrializados cambian su crecimiento hacia una menor intensidad en uso de materiales y energía.

Hay dos argumentos que podrían hacer el crecimiento económico compatible con el desarrollo sostenible en los países ricos: la desmaterialización del crecimiento y el avance tecnológico. Pero, como voy a exponer, ambos son demasiado débiles para confiar en ellos.

Daly y Townsend dicen que tal desmaterialización es en realidad un concepto inalcanzable, puesto que un crecimiento que pretende satisfacer las necesidades de los pobres debe basarse en cosas que éstos necesitan, que no son precisamente servicios de la información, sino cosas materiales como comida, ropa y alojamiento. Para dejar espacio para la polución y uso de recursos que la fabricación de estos productos para los países pobres genera, es evidente que los países ricos debemos reducir la polución en una cuantía al menos equivalente, lo que tendrá implicaciones contrarias a nuestro crecimiento económico, por las razones que siguen. Si el crecimiento económico no se produjese a base de uso de recursos, no habría problema. Muchos (especialmente el Banco Mundial) han defendido en décadas pasadas la existencia de una Curva Ambiental de Kuznets, que a largo plazo invertiría la vinculación entre el crecimiento económico y la degradación del medio ambiente a través de una desmaterialización de la economía, pero esta teoría ha sido largamente rebatida y negada por la teoría y la experiencia. Se han hecho infinidad de llamadas al desacoplamiento de la economía respecto al uso de recursos, pero éstos siguen tomándose prestados del futuro de forma creciente. Es fundamental distinguir entre desacoplamientos relativo y absoluto. Hay miles de casos de disminución de intensidad en el uso de recursos por unidad de producto o monetaria (desacoplamiento relativo), pero los aumentos en la escala de actividad económica global acaban por invalidar esas mejoras relativas. Jackson estima que para estabilizar el clima en un mundo con 9.000 millones de habitantes con unos ingresos como los de la UE en 2008, los desacoplamientos relativos tendrían que producirse a una velocidad 16 veces superior a la ocurrida hasta ahora.

En cuanto al argumento de que las tecnología podría salvarnos del cambio climático, la identidad IPAT prueba la alta inverosimilitud de este argumento cuando no se tiene en cuenta no sólo la tecnología, sino también los aumentos de población y de afluencia o poder de compras. Las implicaciones de esta teoría llevan a que para alcanzar una concentración de CO2 de 450 ppm (que muchos consideran muy dañina) para 2050, con un crecimiento económico o del 2-3% en el mundo desarrollado y de un 5-10% en los países en desarrollo, se necesitarían eficiencias energéticas 11 veces superiores a las actuales.

El discurso sobre la desmaterialización del crecimiento o el avance tecnológico como formas de hacer compatible el desarrollo sostenible con el crecimiento económico es demasiado débil como para confiar en que permitan superar el fallo esencial de la economía. Como dice Chandran Nair, “los políticos deben reconocer que el crecimiento económico ha encontrado su némesis [alter ego, enemigo mortal] en el cambio climático, y no deberían dejarse seducir por los soluciones rápidas del mercado”.

Cuando K. Boulding afirmaba que “alguien que cree que el crecimiento económico infinito es posible o está loco o es un economista”, debía de referirse sólo a economistas miopes, pues son muchos los economistas que han clamado contra el paradigma del crecimiento económico. H.E. Daly (1977) proponía sustituir el 'cuanto más, mejor' por el más saboio axioma del ‘lo suficiente es lo mejor’. Mucho antes, J.K. Galbraith (1956) advirtió que más pronto que tarde nuestra preocupación por el crecimiento en la cantidad de bienes producidos –la tasa de crecimiento del PNB—tendría que dejar paso a la cuestión más importante de la calidad de vida que proporcionan. J.S. Mill (1848) declaraba un siglo antes que el aumento de la riqueza no puede ser ilimitado. E.F. Schumacher (1989) certifica que una forma de vida que se basa en el crecimiento ilimitado no puede durar mucho tiempo. Jackson refleja el gran problema de nuestros días: el crecimiento económico es necesario para que nuestra economía no colapse, en un mundo que no puede soportar ese crecimiento sin colapsar –por razones tanto medioambientales como sociales, como se deduce de lo antedicho. De aquí a concluir que el crecimiento de una economía equivocada no sólo no es la solución, sino que es precisamente la causa de la crisis hay muy poco. El análisis seguido por otras vías por Azkarraga y otros, que abarca distintos aspectos sistema como las crisis de valores, poblacional y social, llega a igual conclusión y ofrece valiosas referencias. Incluso J.M. Keynes (1935), cuyas propuestas de expansión del Gasto Público se señalan como buena parte de la causa de la crisis actual, llamaba a considerar valores más importantes que la acumulación. Decía que la dificultad para el cambio no radica en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas, que han crecido con nosotros ramificándose hasta invadir cada uno de los rincones de nuestra mente, y clamaba contra los economistas ortodoxos, cuya lógica deficiente desembocó en la desastrosa Gran Depresión –lógica que guarda paralelismo con la que nos ha llevado a la crisis actual, sustentada por la espiral de la especulación; con la particularidad de que las ideas de las que ahora hay que escapar son precisamente las que su escuela propuso, y que ha acabado por convertir a los gobiernos en motores de la especulación.

Nos encontramos, pues, con un caso que refleja perfectamente lo que Einstein aseveró: “no se pueden resolver los problemas utilizando la misma forma de pensar que cuando los causamos”. Y es que, como dice Steve Bass, “el crecimiento económico se considera más como un principio inviolable que como una solución para los derechos de las personas, su bienestar o la degradación medioambiental.

Conclusión

Por todo lo antedicho, se puede afirmar que El Futuro que Queremos, al decir “reconocemos la necesidad de (…) aprovechar y crear oportunidades para alcanzar el desarrollo sostenible a través del crecimiento económico (…)” comete un gravísimo error, pues su influencia en las políticas nacionales puede hacer que éstas refuercen la tendencia que apuntaba el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon: “vamos hacia el abismo con el pie pegado al acelerador”. Esta referencia al crecimiento económico y otras tres, no se incluyen en las 16 que hablan de crecimiento económico ‘sostenido’; no ‘sostenible’ –que sería al menos un condicionante— sino ‘sostenido’: un verdadero oxímoron.

Puesto que los países pobres necesitan el crecimiento económico para salir de la pobreza y los ricos no han renunciado a él, las perspectivas de un mundo conducido por estos acuerdos políticos son desoladoras. Siendo la entrega a las siguientes generaciones un imperativo categórico (un objetivo que debe perseguirse sin condicionantes), las riendas del desarrollo no pueden dejarse al arbitrio de gobernantes impelidos por presiones que no son capaces de superar.

Alternativas

El debate actual sobre economía verde gira en torno a los principios que la caracterizan, más que en torno a su definición. Un documento de Stakeholder Forum quince de estos principios: distribución equitativa de la riqueza; equidad y justicia económicas; equidad intergeneracional; enfoque de precaución; derecho al desarrollo; internacionalización de externalidades; cooperación internacional; responsabilidad internacional; información, participación y rendición de cuentas; consumo y producción sostenible; planificación estratégica, coordinada e integrada; equidad de género; y salvaguarda de la biodiversidad y prevención de cualquier polución al medio ambiente.

Faltando de la lista anterior el beneficio financiero, se deduce que estos principios constituyen los perfiles social y medioambiental que se busca añadir a la economía. Si la economía fuese capaz de internalizar toda la serie citada de externalidades positivas y negativas, medioambientales y sociales, entonces la búsqueda del beneficio económico  conllevaría retornos no sólo financieros, sino también sociales y medioambientales; pero, ¿es esto creíble ahora? Mucho me temo que nadie en su sano juicio diría que sí. Mientras que esta internalización no ocurra ampliamente, los principios expuestos se referirán sólo a los negocios sociales.

Según el Profesor Yunus, un negocio social es “una compañía creada para afrontar un problema social sin pérdidas ni dividendos”. Sin embargo, aunque la definición que da la Iniciativa de Negocios Sociales de la UE es acorde con la de Yunus, parece que restringe su aplicación de negocios sociales a favorecer a grupos vulnerables y en riesgo de exclusión, cuando en realidad un negocio social puede afectar positivamente a los grupos sociales completos.

En estos momentos en que la UE está perdiendo fuerza en los mercados globales de forma acelerada, precisamente debido en buena parte a esa falta de internalización de externalidades en la economía, un reposicionamiento estratégico de la UE más allá de los retornos financieros le podría proporcionar una posición sólida en la tendencia hacia una nueva economía verde, sin la necesidad imperiosa de depender de grandes acuerdos globales. El mismo sería el caso de Sudamérica y el Caribe, regiones habituadas a responder a crisis sociales, económicas y climáticas con grandes dosis de ayuda entre conciudadanos; y de otras regiones del mundo a las que la historia les ha llevado a tener fuertes unos fuertes sentimientos de comunidad de los que hoy en día Europa Occidental carece, y que van a ser vitales para afrontar los grandes retos que plantea nuestro futuro en común.

Los movimientos de las Transition Towns o las Post Carbon Cities, además de muchos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas socialmente innovadoras están proponiendo formas diferentes de pensar para resolver los problemas causados por paradigmas prevalentes de obsesión por el crecimiento económico, energía barata, identificación entre éxito y acumulación, e individualismo. Toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez que cumplen los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo guiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos negocio (social) que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación. Buscar el crecimiento económico es seguir con el pie pegado al acelerador conduciendo hacia el abismo.

Los ciudadanos podemos tomar las riendas de nuestro propio destino. Los movimientos de las Transition Towns o las Post Carbon Cities, además de muchísimos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez estando radicalmente comprometidas con los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo guiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos de negocio social que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación.

Peter Senge, gurú del desarrollo organizacional, lo dice claramente: “Si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, recuperando de nuestro ADN la característica de animales sociales”. La innovación necesaria no es tecnológica: es social, es sistémica.

Una lectura de los tres principales documentos previos a Río+20 (‘Gente Resiliente en un Planeta Resiliente (…)’, el original del Borrador Cero y las Notas de Coordinación) desde la perspectiva de esta visión muestra cómo se alinean con ella; pero, lamentablemente, la visión de los promotores de Río+20 no ha podido con la de los necios que gobiernan el mundo con visiones tan miopes como las de los economistas que dice Boulding. Es la fatal tragedia de los comunes.

 

Alejo Etchart

Asesor Independiente de Stakeholder Forum